En esta cuestión considero importante puntualizar que aunque los simples movimientos respiratorios normales pongan en contacto a la mucosa olfativa con parte del aire inspirado, para que el perro perciba un olor emitido por una sustancia es necesario que llegue a su área olfatoria un volumen adecuado de aire con una concentración suficiente de partículas olorosas, que en el hombre existen alrededor de 5 millones. Estas células olfativas que están situadas en la mucosa nasal y se encargan de recoger los estímulos olorosos, son células nerviosas provistas de una prolongación periférica que termina en cilios o filamentos, esta secreción tiene la importante misión de captar las sustancias olorosas y concentrarlas con el objeto de alcanzar esa mínima energía estimulante que llega a producir la excitación de los receptores olfativos, que en el hombre son necesarias 7 billones de partículas aproximadamente.
Las partes del cerebro canino que procesan y analizan la información olfativa, además presenta entre 40 y 50 veces más células olfativas que el humano, que extendida en el moco nasal, la trufa del perro está anatómicamente estructurada para generar corrientes de aire en su interior que estrellen los olores contra los receptores olfativos. Según la relación existente entre la potencia de los dos estímulos que actúen (según Ley de Weber).
Evidentemente la sensibilidad olfativa disminuirá cuando se aumente la potencia del estímulo inicial o basal que cuanto más incida en la excitación de los receptores olfativos tanto más elevada habrá de ser la energía estimulante adicional, en caso de prolongarse la acción de un determinado estímulo oloroso se puede producir una «adaptación» que se debe a una disminución de la capacidad de reacción de los receptores olfativos y de los centros nerviosos que reciben la información. Analizaré a continuación el origen y composición de ese olor humano característico que el perro de rescate capta, en función de la formación específica que reciba el perro, en caso de que la persona se encuentre afectada por un cierto estado de excitación nerviosa, los rafts que continuamente se desprenden de nuestro cuerpo, flotaran en el aire si pesan menos que este o bien caerán al suelo en caso de ser mas pesados.
El olor que emite la persona con vida es similar en principio al de la fallecida, el perro que aunque ha sido formado para reaccionar ante el flujo odorífero discriminativo de la persona viva (fundamentalmente la emisión del conjunto de gases que básicamente expulsamos en los actos espiratorios ) también detecta obviamente la persona sepultada pudiendo reaccionar generalizando si la misma ha fallecido recientemente, porque en la epidermis de nuestra piel existen varias capas de células muertas que contienen principalmente queratina, resultando diminutas partículas de las mismas, que son elevadas y transportadas por el aire en movimiento que las dispersa aunque se encuentran concentradas progresivamente hacia la fuente de donde emanan que es la víctima. Encontrándose envueltas por bacterias y vapores de distintas secreciones como son el sudor y la grasa que ciertas glándulas cutáneas vierten al exterior.
He de aclarar que aunque el olor del sudor sea realmente específico en cada individuo, el perro de rescate identificará y responderá en definitiva a esa composición odorífera que es característica y común a todo ser humano. Generando sus secreciones un olor que resulta especialmente importante para la captación por el olfato del perro.
También el olor del sebo que engrasa la superficie de nuestro cuerpo forma parte del compuesto odorífero que envuelve a los rafts. Añadiré por último que cn respecto al olor del aire espirado por la víctima sepultada, debe tenerse en cuenta el grado de intensidad con que surja de los escombros el foco de olor humano por ser uno de los factores que inciden en la señalización al perro, de forma que una concentración odorífera elevada lo incitará a señalizar con mas ímpetu, se considera que está venteando cuando sigue olfateando el olor que se encuentra flotando, las huellas marcadas en el suelo emiten un olor diferente que atrae instintivamente al perro, el cual capta rápidamente hacia que lado es mas reciente la alteración del terreno, tomando la dirección en que el olor es mas intenso.
Muy importante informar en lo que respecta a la necesaria castración de perros machos oficialmente destinados a la detección de personas, que se trata de una acción justificada, porque las feromonas son sustancias químicas o mezclas de sustancias que, se relacionan con las feromonas sexuales de las perras, que al ser de bajo peso molecular resulta consecuentemente muy volátil, y está presente en la orina y en las secreciones vaginales que la perra las genera en condiciones normales durante el proestro y estro. La percepción sensorial de las citadas feromonas le producirá durante un periodo de tiempo variable ( meses incluso ) respuestas de visible estrés que dificultarán la efectividad del aprendizaje o de la conducta del trabajo de búsqueda, que por ejemplo exijan un cierto nivel de atención sostenida, un conjunto de pautas específicas e inequívocas que delatan estar afectado por el citado estado ( sacar repetidamente el extremo de la lengua fuera de la boca hasta contactar con la trufa, acusada conducta interferente de marcaje y una visible incapacidad asociada de concentración) y que obviamente dificultan gravemente un adecuado proceso de aprendizaje o en el caso de un ejemplar ya operativo lo que sería un correcto desarrollo de las conductas de búsqueda, aunque los valores de las citadas emisiones odoríferas se encontrasen comprendidas en lo que se denomina umbral de estímulo ( valor de la intensidad del estímulo, en este caso odorífero, por debajo de la cual, éste no es percibido).



